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La Coctelera

migueltesorillo

20 Agosto 2009

Los alemanes del Volga

Para entender la fuerte emigración alemana a Rusia hay que entender, que con Pedro I, el grande hubo una fuerte germanización de Rusia en un documental de historia se conto que los manuales militares de Rusia o al menos de los oficiales eran redactados principalmente en ruso y como segunda lengua más frecuente y según el documental mucho el aleman. Hubo emperadores de todas las Rusia casados con princesas alemanas. Incluso emperatrices de origen aleman, que consiguierron el trono hasta destronando a sus maridos y no debemos ver ninguna extrañeza, pues entre las clases altas había muchos nobles de origén áleman o por lo menos lo hablaban. Se dio excepciones y derechos especiales a los alemanes para atraer su emigración. Se los paso a la servidumbre del zar, mucho más generosas, que la de los nobles rusos. Veamos lo que dice la wikipedia. http://es.wikipedia.org/wiki/Alemanes_del_Volga Comencemos por su emigración hacía Rusia. En 1874 se instaura el servicio militar y las comunidades menonitas, llamadas tambien amis protestan emigrando en masa a Estados Unidos, Canada y otros países que no les exija el servicio militar. A partir de abajo todo es de la wikipedia.

En Rusia [editar]

Catalina II

Comenzaron a emigrar desde 1763 especialmente de Hesse, Renania-Palatinado, Baden-Wurtemberg y Baviera para reunirse en la ciudad de Büdingen, en Oberhessen, y emprender todos juntos el viaje hacia Rusia, aceptando una invitación de la emperatriz Catalina II de Rusia de afincarse en las tierras del bajo Volga. Allí fundaron en 1764 la primera aldea (Dobrinka), a la que llegaron cinco años más tarde un centenar, totalizando cerca de 30.000 habitantes en esa primera colonización.

Al lado oeste del Volga se lo llamó Bergseite /bérgsaite/ (lado montañoso) y al lado este, Wiesenseite /vísensaite/ (lado de prados o llano). Así, las colonias fundadas se identifican como las que son de la Bergseite o de la Wiesenseite, y se fijó como capital de la primera la ciudad de Sarátov, y como capital o centro jurídico de la segunda, la de Samara.

La inmigración alemana a esta zona se mantuvo relativamente constante durante casi 100 años, aunque sobre el último período varios se asentaron en las tierras de Odesa, a orillas del Mar Negro, en respuesta a otro edicto que invitaba a colonizar especialmente a alemanes, pero esta vez de parte del Zar Alejandro I de Rusia, nieto de Catalina. Este grupo es conocido como los alemanes del Mar Negro.

Las profesiones de los alemanes asentados en el Volga eran muy diversas, ya que eran farmacéuticos, médicos, abogados, ingenieros, profesores, así como zapateros, herreros, panaderos, demás artesanos y una mayoría de agricultores que buscaban un lugar de paz para vivir, ya que Alemania estaba padeciendo el largo sufrimiento de las guerras sucesivas entre ducados. Durante el siglo XVII tuvo lugar la Guerra de los Treinta Años, que duró de 1618 a 1648, y ya entrado el siglo XVIII, la Guerra de los Siete Años, de 1755 a 1763. Por aquel entonces, la zarina Catalina La Grande, ella misma una alemana, invitaba a sus compatriotas a colonizar las tierras sobre las que tenía soberanía a través de edictos, y les prometía una serie de condiciones o privilegios que, a su criterio, les facilitarían el movimiento migratorio. Por caso, práctica libre de la religión (el único requisito era que sólo podían ir los que fueran cristianos), exección del servicio militar, libre ejercicio y uso del idioma natal, organización escolar propia y dirección administrativa de sus colonias y aldeas por estatutos propios, entre otros. En síntesis, lo que Catalina les prometía era continuar siendo étnica y jurídicamente alemanes, aunque se traslasdaran a vivir a las heladas estepas rusas como ella lo deseaba.

Sin embargo, si bien eso les fue respetado, al llegar a Rusia fueron obligados a confinarse por completo a las actividades del campo, y sólo unos pocos pudieron dedicarse a su profesión o a vivir de lo que habían estudiado tal como lo deseaban, al mismo tiempo que se les impedía salir del territorio y debieron jurar fidelidad a su majestad imperial. De esta manera, los alemanes entendieron que sólo vivirían para trabajar, y durante varias generaciones los ancianos murieron sin haber conocido el esparcimiento. Confiaron en que si lograban llevar una vida sumamente austera y podían cumplir con todas las privaciones que se imponían, sus hijos podrían gozar de una mejor condición, lo que les permitiría hacer valer sus derechos.

El riguroso abocamiento al trabajo por parte de los alemanes y su intransigente sentido del deber, hicieron que ni ellos ni sus descendientes se permitieran la ociosidad, como tampoco gozar de comodidades que se basaran en acortar las jornadas de trabajo, y durante muchos años se habían prohibido la celebración de fiestas, con excepción de los ritos religiosos, que eran cumplidos con suma adhesión por toda la comunidad.

Como consecuencia de eso, al cumplirse el primer siglo de la colonización alemana en el Volga, las espigas de trigo cubrían una superficie mayor a la de la Suiza actual, y los alemanes del Volga se convirtieron en importantes terratenientes. No obstante, nunca delegaron las tareas rurales, y de esta manera las familias que se encontraban en mejor posición económica continuaron trabajando sus campos para poder enviar a sus hijos a estudiar a universidades de Alemania. Una vez graduados, a muchos les era prohibido regresar de nuevo a Rusia para ver a sus padres y tomar contacto con sus seres más directos, por lo que varias familias se desesperanzaron y creyeron que ya nada podían hacer.

Algunas de las principales colonias alemanas en la región del Volga

La eficiencia que lograron durante todos sus propios gobiernos, la adhesión total al trabajo y los contratos de radicación y colonización favorecieron el desarrollo de las colonias y ciudades. A los descendientes de los primeros pobladores les aseguraban quedar exentos "eternamente" de la mayoría de las obligaciones que tenían los propios habitantes de Rusia, incluida la de prestar servicio militar. La alta tasa de natalidad, junto con la continua inmigración, multiplicó notablemente la población alemana en el Volga, al punto que entre 1838 y 1880 sólo la cantidad de aldeas alemanas que se encontraban circundantes al río ascendía a 583. Conservaron con extrema rigurosidad el idioma alemán y el cúmulo de tradiciones heredadas de sus familias y maestros, y no se daban casamientos mixtos entre rusos y alemanes. De este modo, mantuvieron intacto el legado antropológico y cultural de sus ancestros.

Pese a los logros que habían alcanzado, en 1864 las penurias se agudizaron debido a las pérdidas de los privilegios otorgados por Catalina la Grande. Esto provocó que fuertes contingentes de alemanes comenzaran a emigrar hacia América a partir de 1872. Sus destinos fueron Canadá y Estados Unidos especialmente entre los evangélicos, mientras que muchos católicos optaron por Brasil, Uruguay y Argentina.

Más tarde, con el advenimiento del comunismo soviético, numerosos alemanes fueron perseguidos a causa de su fe cristiana y la gran mayoría fue deportada a gulags y otros campos de concentración en Siberia, lo que derivó prácticamente en su exterminio en masa.[1

En Brasil [editar]

Hacia 1876 el Imperio de Brasil, actual Brasil, era una monarquía y Pedro I invitó a los alemanes del Volga a poblar su territorio. A partir de entonces, las oleadas de inmigrantes alemanes se afincaron en los estados de Sâo Paulo, Paraná, Santa Catarina y Río Grande do Sul.

En Uruguay [editar]

Muchos de los que se afincaron en Uruguay ya habían desembarcado en Porto Alegre y de allí se dirigieron hacia el sur por tierra. Una minoría desembarcó en Montevideo y otros llegaron como resultado de colonizaciones "hijas" de alemanes del Volga de la provincia argentina de Entre Ríos^, que linda con la frontera uruguaya.

En la Argentina [editar]

Los que llegaron a la Argentina lo hicieron merced a una ley del entonces Presidente argentino Nicolás Avellaneda. La primera colonia se estableció en Hinojos, cerca de Olavarría, en la Provincia de Buenos Aires el 5 de enero de 1878, y otros lo hicieron en el departamento entrerriano de Diamante, el 24 de enero del mismo año, fundando General Alvear. Más tarde lo fueron haciendo en el resto de las provincias. La población total de descendientes de alemanes del Volga en la Argentina está estimada en algo más de 2.000.000 habitantes.[2]

Provincia de Buenos Aires

Provincia de Entre Ríos

Provincia de La Pampa

Provincia de Córdoba

  • Colonia Santa María
  • Colonia San José
  • Colonia Eldorado

Provincia del Chaco

Provincia de Formosa

Hoy encontramos descendientes de alemanes del Volga en los pueblos que se formaron en base a dichas colonias y en ciudades cercanas a estas. La mayor parte de la población de las ciudades de Crespo en la Provincia de Entre Ríos, de Coronel Suárez en la Provincia de Buenos Aires, y de Juan José Castelli en la Provincia del Chaco, está compuesta por descendientes de alemanes del Volga.

República Autónoma de los Alemanes del Volga [editar]

Los alemanes del Volga habían llegado a tener su propia república, la República Autónoma de los Alemanes del Volga de la Unión Soviética, fundada el 6 de enero de 1924. En 1941 por decreto de Stalin, les fue borrada del mapa (Ukase del 28 de agosto de 1941). Absolutamente todo el territorio les fue confiscado, y las viviendas fueron ocupadas por comunistas rusos. Los alemanes del Volga nunca más pudieron regresar a la zona, y los pocos sobrevivientes debieron emigrar como desposeídos.

Persecución y genocidio de los alemanes del Volga [editar]

En septiembre de 1955, durante el gobierno de Nikita Jrushchov, la Unión Soviética firmó un decreto a través del cual se reconoció públicamente que el trato dado a los alemanes del Volga había sido totalmente infundado, garantizando de esta manera la amnistía a los sobrevivientes que quedaran en Rusia. A pesar de ser reconocidos como víctimas, fueron obligados a firmar ciertos trámites en donde renunciaban a todos sus derechos de propiedad y de herencia, y de volver al territorio de su antigua república.

Como consecuencia de la vida impuesta en los campos de concentración, la generación de sobrevivientes de alemanes del Volga que quedó en Rusia creció sin familia y sin escuela. Las familias alemanas fueron diezmadas, los niños que podían producir eran rápidamente obligados a desarrollar trabajos forzados y se les prohibió la educación. En el marco de estas necesidades, los sobrevivientes se vieron obligados a firmar renuncias que vulneraban aún más su dignidad humana en otros aspectos pero ponían fin a la persecución. A diferencia de otros pueblos víctimas de genocidio, los alemanes del Volga nunca fueron indemnizados.

El 29 de agosto de 1964 un segundo decreto admitía abiertamente la culpa del gobierno soviético de la persecución y genocidio de un pueblo inocente. No obstante, ninguno de sus derechos les fue restituído hasta la actualidad.

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